domingo 8 de agosto de 2010

Los Sanfermines


(Ramón Masats)

Tengo una amiga, la señorita Moon, con la que de vez en cuando quedo, nos soltamos la melena y comenzamos a filosofar cosa fina, ofreciendo grandes frases para la posteridad,  aunque la posteridad no nos escuche. Como somos muy teatreras y poéticas solemos hablar con metáforas de esas que a nosotras nos suenan a gloria, tipo: hay quien corre delante del toro y quien lo ve desde la barrera y nosotras somos más de correr los sanfermines. Luego vamos y concluimos que de todas formas: correr con pánico para qué, que a lo mejor es hora de quedarnos en el palco por una vez y esperar a que el toro nos salte, y nos quedamos tan anchas, (un saludo desde aquí a Cataluña, donde esta metáfora estaría prohibida, claro).

También tenemos, entre muchas otras,la teoría poética del helado del cucurucho, o sea que: no todo en esta vida va a ser chupar la superficie y quedarse solo con ese primer placer, que el barquillo parece que mola menos pero que hay que atreverse a morderlo también, puede que te encuentres con un tesoro de helado aún escondido, aunque sabemos que no mucha gente tiene paciencia para llegar a ese barquillo, incluídas nosotras mismas en un momento dado. En fin, que nos entretenemos y tratamos de explicarnos nuestras vidas con metáforas visuales que ríete tú de las parábolas de Cristo, y así pasamos las horas, concluyendo al fin que si corremos de una vez el sprint final y cruzamos la línea todos ganamos, descubriendo letras de canciones puñales o bendición y riéndonos, que es lo que nos salva, del estado de la nación prozac en la que andamos todos últimamente, después de todo y con treinta y tantos, igual de perdidos a veces que en el patio del colegio...