martes 29 de junio de 2010

Mi príncipe




El roce de su cuerpo, ese sí, son millones de mariquitas explotando por los poros. Sus manos siempre sucias, un jardín donde retirarse por Vivaldi. En sus ojos, el túnel de Alicia en el País de las Maravillas y miles de conejos salen de la chistera de sus cabellos negros. A veces, se pone malo. A veces llora y el cielo se parte en dos. A veces, me nombra y me parto en dos. Todavía juega y, entonces, no hay nadie como él. Cuando le da por hablar y contar historias, Celso Fonseca se pone a cantar y en Brasil todas las madres mulatas contonean sus caderas felices.  Por teléfono no sabe qué decirme pero siempre lo resuelve con la mejor de las frases: “¿cuándo vienes?”. ¡Si le prometes algo, ay de ti si no lo cumples! Porque si no respetas las promesas que le haces, no habrá nada más triste en todo el mundo. Le gusta pescar y tiene paciencia infinita cuando se trata de sentarse al borde del río. Siempre devuelve los peces al agua. Le gustan como a mí me gustaban las ranas. Si la felicidad existe, se llama Andrés, tiene 7 años y se le dan bien las mates.

1 comentarios:

Te dijo...

Que bueno leerte niña, claro que un sobri como ese merece muchas entradas magistrales de estas tuyas; Te has vuelto a olvidar mi cumple!!!! Un besito