Oigan, que no todo van a ser historias de desamor. Hay también historias de amor. Amores que nunca empiezan, que nunca terminan, que siempre van y vienen, que se asoman, sólo a veces, para recordarnos lo que quisimos de adolescentes, lo que perdimos y lo que ganamos. Yo tengo un amor de mi adolescencia siempre escondido.
Nos revisitamos, nos miramos, nos reímos y prometemos casarnos y tener cinco churumbeles juntos cualquier día de estos. Cuando la cosa se pone fea, cuando peligran las noches en camas demasiado grandes, nos hacemos una sesión doble de cine de terror, nos prometemos amor eterno, y nos contamos la historia de aquel día en que yo le confesé que de adolescente estaba locamente enamorada de él y cómo él me contestó que siempre le había gustado yo. Nos reímos y nos desvelamos los últimos secretos inconfesables. Siempre nos damos una oportunidad. Siempre sabemos que nos daremos siempre una oportunidad. Y siempre estamos el uno con su historia de amor, el otro con su historia de desamor, pendientes de cuándo pasa el próximo tren en el que volvamos a coincidir para ver dos pelis de terror durante un trayecto que suele ser más bien corto. Y dejamos que vuelva a atravesar el escaso hueco que nos separa en el sofá la misma corriente hormonada y nerviosa que nos estremecía a los 15 años. Pues eso, que no todo van a ser historias de desamor. Aquí les presto una preciosa historia. Por todas las noches que de adolescentes soñábamos.
A mi amor de adolescencia, gracias por poner tu nombre a esta canción.
domingo 6 de junio de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

1 comentarios:
Muy bonita la entrada, reina
Publicar un comentario en la entrada