
Serge Gainsbour era tan feo que era tan guapo y Jane Birkin lo sabía y por ello lo amaba mientras veían la vida pasar al ritmo de sus sensuales canciones susurradas en un lenguaje solo descifrado por ellos dos, ese código no establecido, pero no por ello menos interesante, con el que los amantes se dicen cosas que nunca se dicen en intimidades inventadas en el dormitorio o en las llamadas y mensajes con los que cruzan sus palabras de amor por las ciudades: Serge y Jane fueron felices por un tiempo y luego infelices por otro pero les quedaron las canciones y solo con eso basta...
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