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Cuando algo no funciona hay que darle al botón de reiniciar. Así me lo aprendí yo, o al menos así me lo enseñaron los informáticos que pasaron por mi vida y mi cara aterrada cada vez que algo no funcionaba en mi pantalla de rubia tonta.
Ahora no sabría qué hacer sin ordenador, y cuando llega la tempestad informática y se me va internet, o llega la tempestad a secas y se me va la cabeza, apago el botón y vuelvo a encender. Eso es lo que hago una y otra vez, supongo que lo hacemos todos, o al menos lo intentamos. Botón con cara de fastidio, botón con el corazón hecho migas, delete, delete, exit, exit, ¿la salida más cercana por favor?. Puede que el botón esté justo en un nuevo apartamento de 30 metros cuadrados, en un viaje a la India, en la ansiada paz interior, puede que el virus del ordenador sea tan profundo que se necesiten manos expertas de un informático con dotes de psicología porque este cacharro vital a veces no hay quien lo arregle sola. Por si acaso me fundo a negro y le doy a reiniciar, que aunque una sea de letras de todo se aprende en esta vida...
Me quedo con una frase del pintor Francis Bacon que he decidido bordarme mentalmente: Bacon decía: "ya que todo carece de sentido, estamos obligados a ser extraordinarios".
Lo dicho, seamos extraordinarios o al menos intentemoslo, que no hay otra, aunque sea extraordinariamente difícil...
2 comentarios:
Me encanta la frase de Bacon. Me apunto al intento. Estoy limando el punto "cabreo y malhumor en el curro".
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