Con tanto rubor de pega acabaremos por olvidar la maravilla del rubor femenino en clave de “te gusto” o “me gustas”, el rostro sonrosado de aquellas mujeres que sonríen adolescentes con un cruce de miradas. Con tanto régimen desintoxicante no habrá redondeces que cobijar entre manos seductoras, no habrá culos poderosos que señalicen las miradas amantes.
Todas queremos ser estilizadas Audrys en Desayuno con diamantes o, lo peor, una Kate Moss moderna y neoyorkina. Pero yo les confieso que quería ser también la Silvana Mangano de Arroz Amargo, aquella descarada de piernas insultantes entre arrozales en blanco y negro.
Yo quise también ser la viuda indomable de lencería negra, tetas entronizadas y curvas sinuosas que hacía aullar al Mastroiani de mis sueños sin pestañear. Y siempre la magnífica Anita Ekberg, alocada y esperpéntica Silvia en La Dolce Vita, seguida y perseguida por una legión de hombres… Y desaparecer por las calles. Y toparme con la Fontana de Trevi, y bañarme, mujer entre las mujeres, y decirle a Marcelo: “ven”.
Yo quería las mejores piernas de Hollywood, ser Cyd Charisse en Cantando bajo la lluvia y enseñar muslamen, rodear a Gene kelly con unas piernas en mayúsculas. Quién no, la vecina preciosa, despistada e inocente, recuerden de talla 40, que cumplió todos los sueños y pesadillas de un Rodríguez desafortunado.
La Cardinale dulce de Fellini 8 y ½ y la Cardinale barroca de El Gatopardo, la diosa, distante y gélida Aimeé, de Un hombre y una mujer. Besar a mujeres que cayesen rendidas a mis pies como la Dietrich, la Venus, la loba, con mi smoking blanco y mi pajarita.
El primero y último que despistó mis piernas entre escuálidos anuncios de televisión duerme en las galeras del olvido. Mientras, yo bailo al son, mein herr, de mi cuerpo sin ataduras, sin tacones, sin rimel en las pestañas,desplegando en mi salón a la Mangano, Ekberg, Charisse, Loren, Monroe, Dietrich, Cardinale, Aimeé y Minelli que llevo dentro.
Hay mucha gente que vive en una permanente carta de ajuste, emitiendo rayas de colores sin enviar un mensaje conciso, pero eso sí, manteniéndonos pendientes de cada segundo no sea que de repente se aclaren las ideas y echen una programación de esa que no te puedes perder. También hay gente digna de protagonizar documentales de La 2, de los que duermen al más pintado en horario de siesta permanente, hay muchos personajes sueltos de peliculones rancios, de los que ya te sabes el final porque lo has visto una y mil veces, polémicos de turno a los que con gusto les bajarías el micro en menos de 59 segundos y también hay mucho fantasma de serie española, gracioso pero poco efectivo a la hora de la verdad. En resumen, que a veces, por mucho zapping que hagas, no hay nada nuevo que ver. Pero es cierto que a veces hay estrenos sorprendentes, reposiciones alucinantes y capítulos emocionantes, no hay que dejar que nos venza el desaliento de la contraprogramación, si tenemos suerte, nuestros índices de audiencia, (aunque nadie conozca nunca a nadie que tenga en casa un audímetro), pueden dispararse, eso es como la fe, que no se ve pero se siente...
Está saliendo el sol y la ciudad se despereza, las sandalias se rebelan en las cajas de zapatos, quedamos en el Rincón y se va uniendo gente, cada uno con sus historias, con retazos de sueños agazapados aún después de la ducha matinal que borra las pesadillas. La ciudad abre sus puertas y sus terrazas, repletas de gente que come y que brinda por la primavera, esa que la sangre altera. Las cervezas entran mejor con las pizzas y las buenas compañías, las de los amigos fieles que brindan por el cambio. Comer, beber, amar, esto último más difícil en un época en la que todo el mundo tiene miedo a perder su armadura, con lo que cuesta blindarse. En breve el verano y los planes inconclusos, los 30 años inesperados y yo con estos pelos, haciendo sin querer el recuento de lo que como, lo que bebo y lo que amo en hojas de cálculo que se me descolocan imperceptiblemente, estamos bien, sobreviviendo al tsunami sentimental agazapadas a un árbol hasta que baje la marea. Después saltaremos para sumergirnos, como siempre, y bucearemos hasta dejar de respirar y emerger con energías nuevas, voy a preparar un banquete para celebrarlo, para impulsar con mis pies la salida a la superficie luminosa y extraña que queda, estais todos invitados, no os olvideis las gafas para ver el fondo del mar antes de emerger, que los peces os están esperando...
Estamos aprendiendo mucho. Con dolor, con risas, con tortillas para uno y desayunos sin diamantes, nadie nos advirtió de que la soledad era esto, una mezcla agridulce como la mejor salsa china, a saltos, a golpes, de kicboxing, de sorpresa, de suerte. Nos elevamos a veces por el cielo a la misma velocidad que caemos, a veces, en la blandura del sofá de un domingo para uno, para dos o para más. Nuestras casas se llenan de voces y nuestras voces se llenan de matices en el camino, porque el camino se hace al andar, con tacones o zapatillas de deportes no aptas para princesas con complejos de altura. Crecer hacia arriba es difícil, pero si no se intenta no sale, duelen los huesos del equilibrio y las rayas de lapiz en la pared hacen de brújula, ayer eramos un poco más pequeñas, mañana seremos un poco más grandes...
Añado a mi listado de incapacidades (dormir, pasear por el retiro e ir acompañada a los museos) otra más (espero que el hombre de mi vida no esté leyendo este blog) sobrevivir al domingo. Yo transito por el domingo como un sediento caminante en búsqueda del oásis de un brazo despilfarrando carantoñas. El domingo… ese alarde de amor virginal, primaveral, y un montón de “al” más que logra pasar, cual apisonadora por encima de ti, hasta hundirte por completo entre los cojines de un sofá convertido en tela de araña.
¿Qué película logró convencernos de que el domingo sólo existe como día si vas al cinecon tu novio o si desayunas a su lado en una cafetería con El País como lectura? Ya, ya… están las cañas en La Latina, que siempre son una buena opción, al menos desde que sé que el cocinero de mi vida tapea por allí (esto para otra entrada). Está también el chico que ya te ha llamado quince veces en los últimos tres días y espera al otro lado del teléfono por un domingo primaveral (vale, no, más bien, por un domingo carnaval…carnaval de carne, digo) como tú esperas por una llamada (dios, que no sea el de las quince veces) que te sorprenda con un plan magnífico y te rescate del desierto dominical. Y está la casa del amigo, ese que está siempre dispuesto a darte de comer, escucharte y mimarte e incluso homenajearte con una bebida que hace que salgas a cuatro patas. También está el que sale del partido a las seis de la tarde, y llamó el día anterior (vaya, tenía que haber cogido el teléfono). Y, claro, las amigas, que han salvado más de un domingo…
Pero, no, no, no, de vez en domingo, te resistes a la alternativa. Que una también tiene su corazoncito y piensas que con ellos, condenada a ser indecente, ya sabes el final y que, joder, no son ellos sino él. Llámenlo soledad, llámenlo macarrones con tomate (el cantautor dijo), llámenlo tortilla para uno (¿recuerdan?), llámenlo masturbación. El caso es que algún domingo que otro, cuando el alma necesita un cuerpo que acariciar, si no hay un impar que te compre El País mejor con esa amante inoportuna que se llama soledad. Mejor me quedo, gata arisca, merodeando por el seguro territorio de mi reino, donde sólo entran los mejores golfos y las mejores golfas de lunes a sábado, ambos incluidos.
Miren que he aprendido en este año de single cosas. Maniobras de escapismo varias para deslizarme por las sinuosas curvas de encuentros a ras de noche. Agendar fines de semana que me sientan como un guante. Colgar cuadros, montar muebles de Ikea y sobrevivir a semanas de trabajo sin coger aire. A decir ven y vete en tiempo récord.
Y, sin embargo, un día cada cierto tiempo, me paralizo, y me entra el dramatismo almodovariano, descubro que todavía se me escapan algunas habilidades para salir airosa de la supervivencia en clave de única habitante de mi casita de papel. Y, sí, un rato cada cierto tiempo me convierto en desesperada Lana suspirando por un superman que acuda a mi rescate. Sin ir más lejos, hace un par de días.
Me topé, en medio de la noche, con un inquilino que descansaba sobre mi sofá rastreando con sus dicharacheros cuernos el territorio desgastado de mi cojín. Y allí me quedé horrorizada, debían de ser las tres de la madrugada, observando, a cuatro metros de distancia, la espeluznante fotografía de aquella cucaracha gigante, LA CUCARACHA, reina absoluta de mi espacio vital. Hasta que segundos después recordé que, desafortunadamente para ella, esa noche, sí, superman venía al rescate conmigo. Superman preguntó: ¿quieres que la mate? Que yo pensé: “No, si te parece la invitas a un par de cañas”. Pero conté hasta tres y dije: Sí, sí, sí. Mi inquilina, que le vio venir, se escurrió. Superman no puso mucho empeño y me di cuenta que agradeció la loca huida de la cucaracha. Pude intuir la cara de terror de superman y cierto suspiro de alivio cuando se giró y dijo: Se ha ido. Que yo pensé: “Claro, ¿es que pensabas que iba a rendirse a tus pies y ponerse patas arriba sólo con verte?”. Pero, amigos, la noche es larga y prioricé mis preocupaciones.
Al cabo de las horas, no les negaré, empecé a pensar en aquel imbécil que mataba (aterrado como yo) mis cucarachas y me entró el pánico. Joder, qué haré mañana cuando superman se largue con rapunzel y me quedE aquí solita, indefensa ante la cucaracha gigante perturbando mi sueño y fumándose mis cigarros. Pensé que tal vez la cucaracha estuvo agazapada, cenizas del amor, esperando a pillarme con un superman de medio pelo para estropear mi ego recién recuperado. Me vi desvalida, huyendo de mi casa, tirando la toalla y ofreciéndole mi cama y mi cocina a mi cucaracha del amor. Me imaginé rogándole a superman que se pusiera su traje, utilizara su visión de rayos x y aniquilara a la cucaracha más grande de todos los tiempos.
A la mañana siguiente, superman me dijo: "el deber me llama", y se marchó a cantarle a su rapunzel enjaulada cuentos para dormir, mientras yo, aliviada por contar con un inquilino menos, me dispuse a desayunar de pie y en la cocina por esquivar el tenso encontronazo en el sofá con mi cucaracha. Ya lo pensaré a la vuelta.
Y a la vuelta pensé que a lo mejor superman no iba a volver a una casa con habitantes de seis patas, que quizá también podría yo aprender a matar cucarachas, que tal vez ésta no sea la única cucaracha que espere agazapada dispuesta a salir en el momento más inoportuno e ideé el plan perfecto: Le declaré la guerra a la cucaracha, cenizas del amor, compré quince trampas y un spray, todo de cucal, desmantelé la casa para limpiar cualquier rastro que pudiera quedar y he llamado a una profesional de la limpieza, una verdadera superman que está dispuesta a dejarme la casa como los chorros del oro. Y he decidido seguir el consejo de mi madre: “Hija, si vuelve la cucaracha, te quitas el zapato (que puesto da mucho repelús) te imaginas que es el imbécil de tu ex y ala! zapatazo va. Que si no, te conozco, y no vas a poder dormir”. Sabias palabras.
Y aquí estoy, en mi sofá (a veces mirando de reojo por si aparece) pero con el zapato a mano. Y qué quieren… la próxima vez mato yo la cucaracha y le hago un bailecito especial a superman mientras le susurro: Super, Superman, please, teach me how to fly (aquí va un guiño)…
Queridos y queridas, he regresado de las profundidades del infierno donde todos trabajan a deshora, los empleados somos obedientes niños y niñas de mamá, y los jefes nunca tocan los huevos, de idiotas que caminan al compás del general director más conveniente. See the idiot walk.
Después de tanto laborar regreso con fuerzas renovadas al blog, a las cañas, al amor, al calor del amor, a las clases de kick boxing, a la lucha diaria por multiplicar brazos y piernas, al ardor de las noches de alcohol, a la penitencia de las mascarillas verdes que nos devuelven a la diosa que llevamos dentro. Y regreso like a rolling stone dispuesta a repetiros, como dice mi buena amiga, tienes suerte de contar conmigo.
Y bailaré, let’s dance, bailaré sobre su tumba, por encima de los meses que dejé atrás, para celebrar los que están por llegar, las músicas a las que se rendirán mis botas y bailaré por los hombres que me quitarán las botas y me restarán años.
Dispuesta, rock and roll, a ponerme del lado de Belcebú, y brindar dentro de unos meses por este año. A deciros, como OnlYou, you are so lucky, porque nena, nadie como yo, queridos, nadie como yo, ja, ja, ja, ja, ja, ja... Nos vemos en los bares, ja, ja, ja, ja, ja, ja
"Tenemos que hablar". Esa es una frase que suena terrible cuando no esperamos escucharla, que paraliza el tiempo y hace que toda nuestra vida pase en cinco nanosegundos antes de ver la luz al otro lado del túnel. Pero es que en realidad tenemos que hablar, antes de hacernos conjeturas mentales que no llevan a ninguna parte, más vale una vez colorados que ciento amarillos, tenemos que hablar antes de quedarnos mudos y con las ganas, tenemos que decirnos todas las cosas que nunca nos dijimos, no quedarnos con la palabra en la boca, no quedarmos con el mal sabor, poner en palabras todo lo que nos duele, nos gusta, nos incomoda o nos da miedo, porque somos lenguaje, porque así se habla, porque sí, por qué no, hay gente que calla, y calla y calla y luego no otorga, ni el beneficio de la duda ni nada que se le parezca, y otra gente que cuando habla, aparte de que suba el pan despeja las dudas de si merecía la pena o no toda esa palabrería...
"En todo hay etiquetas con el precio de cuánto costará aquello elegido"
Para todos aquellos que nos leéis he de contaros que hace días que me da vueltas en la cabeza esta frase. Hay veces que las palabras memorizadas esperan agazapadas en tu mente para salir en todo su esplendor más adelante, como hay libros que se leen en una época determinada y solo los comprendes cuando estás un poquito más avanzado en el camino. Que la vida iba en serio, como decía el poeta, uno lo entiende más tarde, y ahora sé en carne y hueso que incluso en momentos de felicidad más o menos absoluta, la etiqueta de cada uno de ellos se dibuja lentamente para luego pasar por caja. La que le ponen los demás, la que le pones tú, la que le pone la buena o la mala suerte o las circunstancias. Muchas veces si supiéramos el precio no lo compraríamos, no cambiaríamos nuestro detergente "Gabriel" ni por uno ni por dos ni por tres, pero la gracia, (maldita gracia, o no), está en que nadie sabe nunca nada, y por eso nos toca luego sufrir las consecuencias o alegrarnos de nuestra compra...
Reconstruirse es como volver a colocar una a una las piezas de un ajedrez a las que el vendaval ha sumido en el caos. Es levantarse por la mañana y enfrentarse al espejo en busca de un reflejo que nos haga más felices, cerrar la puerta de la nueva casa con la llave nueva, salir a la calle con la esperanza de que haga sol y que el viento nos sople levemente en la cara para recordarnos que estamos en una nueva fase, encontrarnos con nuestra sombra ligeramente más alargada, porque con el dolor, como con la fiebre, se crecen algunos centímetros imperceptibles. Y coger el metro mientras nos contamos a nosotros mismos una y otra vez las mismas cosas que ya no son las de antes. Yo no sé jugar al ajedrez, como mucho a la escoba y al mentiroso, ese juego que tanto dominan algunos, pero mañana mismo me compro un tablero y empiezo a colocar cada pieza en su sitio, me pido la reina, que para eso es mi juego, y a partir de ahí ir colocando las demás...
Imagina que el día en el que te acaban de dejar te alquilas, haciendo caso omiso a tu amiga que no sabe cómo decirte delicadamente que no es la mejor opción, "Mujeres al borde de un ataque de nervios", porque la recuerdas vagamente y te parece una buena película para pasar el trago de forma divertida. Imagina que agotada después de su día en la oficina tu pobre amiga se queda dormida en el sofá y te deja sola mientras tú alucinas con la escena de Carmen Maura hasta arriba de orfidales recién abandonada por el amor de su vida. Todo esto sin cámara oculta, ante tu estado de shock sentimental, fumando cigarro tras cigarro. Muchos momentos de nuestras vidas, desde entonces, parecen recién sacados de una película de Almodóvar, mezclando risa con llanto, como en esta genial película que cumple 20 años. Hemos pasado por grandes momentos, mudanzas, quema de camas, recuerdos, regalos absurdos como el pato de Carmen Maura, reuniones del tupper sex, confidencias a media noche, blogs como este para sacar puñales, lágrimas por El Imbécil aderezadas con grandes frases para la humanidad, tipo: "sería un pusilánime pero yo le quería", y lo que te rondaré morena, nosotras queríamos ser chicas Almodóvar y lo hemos conseguido...
Unos de una secta rusa han profetizado que el mundo se acaba en mayo de este año, dios mediante, y para que a ellos no les dé de lleno no se les ha ocurrido mejor idea que cavar unas catacumbas de tres metros bajo tierra, (que digo yo que si el meteorito ha de venir seguro que a esa profundidad no les toca ni un pelo de sus rusas cabecitas). Pero como resulta que esperar el fin del mundo sin hacer nada es aburrido han decidido salir por Pascua (rusa, claro, que es en abril), y luego volverse al hoyo a seguir esperando (eso es cierto, San Google lo dice)... Quién fuera secta rusa algunas mañanas para no sacar la cabeza de la cama y volver a la oscuridad caliente del sueño, hay días en que las catacumbas se necesitan como agua de mayo ,(vaya, el mes del fin del mundo), hay momentos en lo que uno se volvería pequeñito pequeñito como una bolita de mierda y desaparecería de buena gana bajo el sofá y no iría al cole, al trabajo o a la vida, sin ir más lejos. Pero como todos, esos días pasan, y pueden volverse del revés por arte de magia, o no pero sólo duran hasta el día siguiente hay que sacar palas mentales y fuerza de flaqueza y echarse una sonrisa para ponerse como unas pascuas, rusas, norteamericanas o nacionales, a gusto del consumidor y resistir, erguido frente a todo...
Si te sientes sola, si estás abandonada, si tu novio te ha puesto los cuernos el día de San Valentín: Feliz día de San Ballantines, vivir no es Beverly Hills, it's only disappear...Vivir, beber, vivir, vivir, beber no es Beverly Hills!
"LO MÁS INTELIGENTE ES HACERSE LA TONTA. EL DÍA QUE SE ME OLVIDA LO PASO FATAL" Ana Obregón, actriz que salía en el Equipo A
"En lugar de irse de compras a la Quinta Avenida Carla Bruni siguió atentamente la intervencion de su marido en la ONU", frase extraída de "Lecturas, esa gran revista intelectual para las mujeres de hoy en día.
"Si gana Obama se pondrán de moda los negros y el negro", periodista fashionista y fashionado
"Me gusta tanto el mar que a veces me entran ganas de ahogarme". Paloma San Basilio, diva eterna
"El amor son como las pilas, lo que duren, duren" Lolita, clara, concisa y concordante
"Me encanta África en general, Suráfrica y África Occidental, que son dos grandes países" Paris Hilton, experta geógrafa y ex convicta
"Mi truco de belleza es tomarme un sendo vaso de agua cada día" Miriam Díaz Aroca, descubridora del sendo elixir de la eterna juventud
Siempre que veo esos niños hambrientos del mundo en la tele, no puedo evitar llorar. Quiero decir, me encantaría ser así de flaquita, pero no con todas esas moscas". Mariah Carey sensible filántropa ex de Tony Mottola
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"Mejor que te dejen ahora que en Navidad" B. Pelosi
"No tengo miedo a envejecer. La alternativa es morir y eso es muchísimo peor". Linda Evangelista