martes 14 de octubre de 2008

Velocidad de crucero


Como iniciada en el running in the city, debo reconocer cierta facilidad para mantener una velocidad constante que me permite alcanzar objetivos razonables sobre el asfalto. Sin embargo, en todo lo demás, mis marchas vitales andan trabadas, mi quinta es un fórmula uno que siempre derrapa en el momento más inoportuno. No imaginan cómo he volcado en el trabajo, en menos de cinco segundos acelero, y me veo rodeada de un público que se lleva las manos a la cabeza, y yo, mientras, rodando y rondando por el suelo. Soy el José Tomás del mundo laboral. Qué pena que nunca me lleve a alguno por delante.

Pero, sin duda, el terreno más incontrolable…¿lo adivinan? En cuestiones amorosas no hay escudería que me acepte. Oigan, que a veces tengo la sensación de ir en un tractor, mientras pienso que debiera haber cogido el Ferrari, y otras, piloto que da gusto el Ferrari y voy y pongo los neumáticos menos adecuados.

Esto de alcanzar velocidad de crucero, dos barquitos a la vez, tiene sus complicaciones, entre el despacio y el deprisa, a veces, me siento como Chiquito de la Calzada, un pasito para atrás y otro para adelante. Total, que así las cosas, estoy pensando en pasarme a otros símiles deportivos. Quizá me busque un campo sin montañas que escalar y me dedique ahora a un paseo, luego una carrerita, allí un saltito y cuatro brincos por acá. Y he pensado irme al campo, donde no haya metas que alcanzar, ni medallas, ni público, ni carreras pronosticadas… sólo amar en el campo...

Amar en el campo-Teleradio Donoso




1 comentarios:

Nils dijo...

Amar en el campo me recuerda a Jane Austen y sus novelas, así que no sé yo si es una buena idea irse al campo y encontrarse con señores Darcy...