miércoles 15 de octubre de 2008

Soplo musical




Hoy en la revisión médica de la empresa el doctor me ha dicho que tengo un pequeño soplo en el corazón pero que no me preocupe porque es musical. Aparte de lo bien que suena el término me ha explicado que a algunas personas les pasa porque su corazón no les cabe en el pecho y he bromeado con la idea de que eso es justamente lo que nos pasa, a mí y a mi pequeño soplo musical. Como diría Aute queda la música, para ahuyentar a las fieras, para camaleones, para colgarse de canciones y recordar otras que en un momento dado sería mejor olvidar, al menos el estribillo. También me he enterado que el que fuera el hombre de mi vida ha abandonado todo aquello que hizo que me abandonara a mí, ironías de la vida, y se ha ido con la música a otra parte, esa parte del mundo en la que yo nunca estaré más.

No se asusten, es solo que resulta extraño comprobar cómo en un año la vida se puede dar la vuelta como un calcetín de esos que nunca encuentro bajo los pies de mi cama, en un año mi amiga B se ha quedado enormemente embarazada con toda su placidez y mi otra amiga E vuelve con sus maletas de Londres, la misma ciudad que pienso redescubrir con aires nuevos y alguien nuevo al que darle lo mejor que tengo que espero que supere lo peor que tengo, que yo, como The Bride, también soy un poco José Tomás si no El Cordobés, saltándome las normas de la casa de la sidra con valentía y sin pudor. Así que unos minutos musicales en honor a ese soplo mío que me previno de cosas que vendrían y que vinieron sin prevención, poned atención a esa pequeña válvula invisible y esencial que late con cada paso que damos que a veces avisa de cosas buenas sin saberlo nosotros, a ritmo de latidos imperceptibles y constantes, como la vida misma, oiga...